afectarían al aparato endocrino hasta otras sustancias (
bioacumulativas) que permanecen en los órganos de quienes las consumen durante decenas de años.
Sacar adelante el reglamento europeo sobre la comercialización de pesticidas no ha sido sin embargo sencillo. La delegación de coordinada por Breyer ha tardado nada menos que dos años en poner de acuerdo a la Eurocámara, que finalmente ha dado el visto en bueno con el voto a favor de 577 de los 599 que constituyen el pleno comunitario (otros 61 votaron en contra).
Aunque la norma tardará otros dos años en ser obligatoria para los países, lo que parece claro es que el camino que se marca desde Europa es el de obligar a la agricultura industrial a parecerse cada vez más al modo de cultivo de lo que ahora llamamos ecológico. La forma de producción biológica, respetuosa con la salud y con el medio ambiente, además de sensata, será cada vez menos una opción residual para consolidarse como una tendencia. De este cambio se beneficiarán no sólo los consumidores, sino los agricultores que sepan darse cuenta a tiempo.