Cannabis sativa es el nombre científico de una de las plantas que más debates y polémicas suscita, tanto por sus aplicaciones terapéuticas como por sus problemas legales de posesión y consumo. Estos y otros aspectos van a ser debatidos próximamente en la séptima edición de la feria “Spannabis”. Se celebrará en Barcelona los días 26, 27 y 28 de febrero.
Se trata de una planta anual, de tallos con hojas opuestas en la base y alternas en el resto. De las inflorescencias secas de la planta femenina se obtienen diversos terpenofenoles, entre los cuales destaca el tetrahidrocannabinol, más conocido como THC o dronabinol.
Para que este compuesto realice un efecto en nuestro organismo, debe unirse a un receptor para luego producir el efecto fisiológico. Estos receptores y su funcionamiento han sido descubiertos hace relativamente poco y todavía no se conocen en su totalidad. Los mejor conocidos son los CB1, que se encuentran en el sistema límbico cerebral.
Si nuestro organismo crea estos receptores, también tiene que disponer de sustancias propias (endógenas) que ocupen y regulen su actividad. El receptor CB1 está regulado endógenamente por anandamida.
Estructura THC
Interés terapéutico
Antes de hablar de los posibles usos de los cannabinoides, debemos recordar que no son de primera elección en NINGUNA indicación terapéutica.
El cannabis es usado para las náuseas y vómitos tras radioterapia y quimioterapia, cuando no funcionan otros productos más seguros como las Benzamidas (Primperan®), Domperidona (Motilium®) o Granisetron (Kitryl®).
Es usado también en dolor crónico, cuando hay algún nervio afectado, en neuropatía periférica o dolor oncológico, pero sólo se empleará cuando el resto de analgésicos sean ineficaces, presentando en pacientes normales una potencia inferior a los derivados de la morfina.
Otra aplicación es la disminución de la presión intraocular, pudiéndose usar así en el tratamiento del glaucoma. En éste hay muchos otros principios activos que se usan a nivel tópico, con la comodidad que eso supone, y que tienen una gran efectividad. Del mismo modo, los cannabinoides sólo serían útiles en pacientes con problemas a la hora de usar el resto de medicamentos
El cannabis y el sobrepeso
Después del conocimiento de la existencia del receptor del cannabis CB1, la industria farmacéutica creó un antagonista: Rimonabant. Esta molécula se encarga de ocupar el receptor sin producir ningún efecto por sí misma, sólo que evita que la molécula propia (anandamida) ocupe el receptor y haga su efecto. Con el Rimonabant (Acomplia®), el efecto que producimos es el de disminuir el apetito, y se comercializó como producto adelgazante hace aproximadamente un año. Ahora muchos lectores entenderán que con el cannabis se abre el apetito.
El problema de la ocupación de estos receptores y de los cannabinoides en general, es el de la desregulación del sistema nervioso, con lo que esto conlleva: depresiones, psicosis, actitudes suicidas…
Por este motivo el Rimonabant fue retirado del mercado, por el peligro a largo plazo de los cannabinoides, sin obviar, evidentemente el problema adictivo.