Introducción
Hace 14 años, en 1996, el universo informativo se veía sacudido por una noticia a primera vista sorprendente: por primera vez el hombre había sido capaz de clonar un mamífero a partir de una célula adulta: la célebre oveja Dolly. Desde entonces hemos asistido, aunque quizá con un papel mediático secundario, a una controversia que ya tiene un sabor añejo: clonación sí, clonación no. En un principio, el debate se ha venido refiriendo a las aplicaciones sobre el hombre, pero nos centraremos en otra vertiente del asunto: la producción de alimentos.
Junto a otras posibilidades como la terapia génica, figura el uso de la clonación de animales para obtener alimentos, ya sea a través de su carne o de productos derivados, como la leche. Esta técnica haría posible el incremento de la calidad de los mismos, porque permitiría la selección de los mejores ganados. Por otro lado, las corrientes opositoras aducen que la clonación es un modo de hacer sufrir a los animales, porque padecen un envejecimiento prematuro y son más proclives a desarrollar determinadas enfermedades.
Posturas encontradas: el ejemplo estadounidense
El caso de Estados Unidos es un ejemplo de las dos corrientes enfrentadas. En enero de 2008, en EE UU se daba el primer paso hacia la introducción de animales clonados en la dieta, tras concluir su Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) que los alimentos procedentes de vacas, cerdos y cabras clonadas eran tan seguros para la salud como cualquier otro. Desde entonces, distintos grupos opositores se han movilizado y proclamado que la mayor parte de la sociedad norteamericana no acepta dichos productos; señalan que en los animales clonados se observa un mayor número de defectos congénitos, discapacidades y muerte prematura (http://www.hsus.org/). Y es que Estados Unidos podría considerarse un auténtico paradigma de las posturas enfrentadas que provocan los alimentos procedentes de especímenes clonados: sus defensores esgrimen los favorables dictámenes de los organismos internacionales sobre la seguridad de su consumo, y algunos aluden a intereses comerciales, principalmente del Viejo Continente, para evitar que su industria pierda terreno con Estados Unidos, gran potencia en lo que a esta tecnología se refiere. Podemos observar una muestra de ello en el siguiente artículo publicado en The Wall Street Journal (http://online.wsj.com/, en castellano en http://www.viagen.com/).
Informes de autoridades: ¿es seguro su consumo?
Hasta el momento, podríamos decir que en sus informes las autoridades internacionales abren la puerta a la producción de alimentos mediante la clonación, pero no del todo. A petición de la Comisión Europea el pasado mes de mayo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) llevó a cabo una actualización de la evaluación del riesgo de la clonación de animales para el consumo humano, sin apreciar diferencias entre la carne y la leche de los clones y su descendencia, y las procedentes de la cría convencional.
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