Esto, obviamente, no ha hecho más que avivar una incipiente crisis diplomática entre España y Alemania. Europa ahora intenta enmendar el error, pero previamente los productos españoles han sufrido el cierre de diversas fronteras europeas. Países como Dinamarca, Austria o Rusia, además de Alemania, son sólo algunos ejemplos de veto a la producción nacional que no se limita únicamente a los pepinos. Especialmente cruel ha sido la actitud de nuestro país vecino, Francia, ante esta crisis: los productores del país galo han aprovechado para hacer publicidad de sus productos menospreciando los procedentes de España. Esto no es más que la demostración de las graves consecuencias que este incidente tiene y tendrá para el sector agrícola español, especialmente el localizado en el sur del país.
Al menos, la UE ya ha rectificado (aunque tibiamente), y los productos españoles se verán de alguna manera recompensados, especialmente por la vía monetaria.
Siguiendo la cronología de los hechos, se explican muchas cosas que han ocurrido las últimas semanas en torno a la infección por una rara cepa de E. coli, especialmente resistente a los antibióticos y que ha causado la muerte de más de 30 personas a día de hoy.
La acusación por parte de las autoridades alemanas fue directamente hacia los pepinos españoles. España criticó duramente la actuación, ya que no se utilizaron los canales habituales de comunicación interna en estos casos. El hecho de dar a conocer el suceso por medio de una rueda de prensa y además no tener pruebas contundentes que lo demostrasen no ha sentado nada bien en nuestro país.
Parece una contradicción que los que antes pudieron controlar con eficacia el caso de las dioxinas en animales destinados al consumo, hayan actuado de forma tan imprudente en el caso español.
El problema ahora se desplaza en su totalidad a Alemania, que ha encontrado en los brotes de una granja concreta el origen de la epidemia. La Unión Europea compensará a España con 210 millones de euros. Pero, ¿quién devuelve a nuestros agricultores la honra perdida?
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