Desde la era de la industrialización y el auge de los medios de transporte y de comunicación no ha parado de crecer y de extenderse el consumismo exhacerbado y el gusto por adquirir productos exóticos de lugares remotos.
La ventaja de poder comprar bienes y alimentos de países lejanos choca con la realidad que se esconde más allá del paladar.
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