|
Desde la era de la industrialización y el auge de los medios de transporte y de comunicación no ha parado de crecer y de extenderse el consumismo exhacerbado y el gusto por adquirir productos exóticos de lugares remotos.
La ventaja de poder comprar bienes y alimentos de países lejanos choca con la realidad que se esconde más allá del paladar. ¿Cuánto ha costado transportar esta comida hasta el supermercado? ¿Qué energía se ha consumido en dicho viaje? ¿Cuánto se ha contaminado durante el transporte?
Para luchar contra la globalización de los productos surge el "locavorismo", un movimiento que apela por el localismo para intentar reducir la "huella ecológica", disminuyendo el gasto energético y, por tanto, la emisión de CO2 a la atmósfera.
Se trata de una auténtica forma de vida que va más allá de la propia alimentación -ecológica o no-, para tornarse en un respeto total hacia la naturaleza y sus ciclos naturales.
Acciones tan sencillas como comprar alimentos de temporada cerca de casa puede ahorrar mucho dinero y mucha contaminación. ¿Por qué nos hemos hecho tan egoístas que ya no pensamos en qué herencia dejaremos a nuestros hijos?
No se es mejor por tener más, sino por pensar en consumir lo mismo con menos recursos y, lo que es más importante, sin condenar a las generaciones venideras.
Llámese como se llame la filosofía de vida de cada cual, lo que está claro es que si queremos perpetuarnos como especie deberíamos aprender de los otros animales, que no importan de lugares remotos alimentos similares a los que pueden conseguir en su entorno.
El futuro, por tanto, tendría que pasar por el locavorismo, ecologismo, y todos aquellos ismos que contribuyan de alguna manera con la estrategia de las 3 R's.
REDUCE, RECICLA y REUTILIZA.
|