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Para que un animal se reconozca como "ecológico", debe ser preferentemente de razas autóctonas ya que tienen mayor capacidad de adaptación al entorno. De este modo se evitan aquellos problemas sanitarios derivados de las razas que se utilizan en la ganadería intensiva.
La alimentación de las reses también debe ser específica. Debe estar destinada a cubrir las necesidades del animal, buscando siempre la calidad de la producción y no un incremento premeditado. En ningún caso los alimentos no ecológicos podrán superar el 5 por ciento del total anual. De este modo se garantiza la calidad del ganado y obtiene así la certificación de "ecológico".
Para una buena alimentación, se debe procurar que ésta se produzca en los pastos, pudiéndose complementar con piensos de producción ecológica, elaborados con materias primas procedentes de la agricultura ecológica en fábricas certificadas. En el caso de las crías, éstas deben alimentarse básicamente de leche natural, y en la medida de lo posible, procedente de la madre. En ningún caso se podrán utilizar alimentos modificados genéticamente, es decir, transgénicos.
La producción ecológica está basada en la prevención de enfermedades, es por esto que se recomienda el uso de razas autóctonas y una alimentación de calidad, junto con el mantenimiento de un número de animales que sea acorde a las instalaciones de las que se disponga. Si aún así, con estas medidas, no fuera suficiente, los tratamientos sanitarios deberán realizarse bajo la supervisión de un veterinario.
Para conservar el título de "ecológico", en ningún caso se pueden utilizar medicamentos de uso convencional a modo de prevención o que puedan alterar el crecimiento y desarrollo natural de las especies (hormonas, estimulantes.). De hecho, el uso de dos tratamientos convencionales durante un mismo año elimina la posibilidad de poder comercializar el animal como "ecológico".
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