La pregunta que todos nos hacemos es qué cantidad de agua hay que tomar al día, en qué forma administrarla, cuántos vasos y un inmenso etcétera de rumores que apuntan a ponerse casi a remojo para estar protegido ante el ogro de la deshidratación. Pues veremos que es más sencillo que todo esto. Entendamos un poco mejor cómo, por qué y para qué incorporar este hábito a nuestra vida.
El agua tiene varias misiones en nuestro organismo. Cada una de ellas posee una importancia fundamental con lo que es muy interesante nombrarlas y que así, cada uno de nosotros pueda hacerse a la idea.
Participa en la mayoría de las reacciones químicas del metabolismo: procesos de digestión, absorción, metabolismo y eliminación. (Orina, sudor y heces). Es el medio ideal para transportar nutrientes como vitaminas, minerales, proteínas, etc. Colabora en la conducción correcta de las sustancias de desecho producidas por las numerosísimas células de nuestro cuerpo. Gestiona el mantenimiento de la temperatura corporal. Forma parte de los fluidos corporales: saliva, líquido sinovial en las articulaciones, sangre, etc. Aumenta el volumen del contenido intestinal (heces) y ayuda a su eliminación por ser éstas más húmedas transitan más de prisa.
La pérdida diaria de líquido que se produce en condiciones normales y a una temperatura media de 20º C es de unos 2,3 litros , de los cuales:
1400 ml. se pierden a través de la orina
450 ml. a través de la piel y sudor
350 ml. vapor de agua que se elimina por los pulmones durante la respiración
100 ml. de agua con las deposiciones.
El balance entre el agua que perdemos y la que ingerimos conformará nuestro perfil de hidratación. Para que éste sea adecuado, debemos equilibrarlo con una ingesta suficiente.
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