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6) El agua con gas engorda: FALSO
El gas es CO2, por tanto el agua con gas es agua con dióxido de carbono, aporta
cero Kilocalorías. Si bebo agua con gas de forma abundante, puedo tener cierta
distensión abdominal por el acúmulo momentáneo de gases, pero eso no significa
que aporte Kilocalorías y por tanto no provoca un almacenamiento de grasa
(michelines).
7) La sal engorda: FALSO
La sal es cloruro sódico (Na Cl), por tanto se trata de un mineral, que como todos
los minerales aporta cero Kilocalorías.
Por cuestiones de salud cardiovascular (hipertensión etc…) no se recomienda ingerir
más de 5 gramos de sal de mesa al día (una cucharadita de postre). Debemos tener
en cuanta que los embutidos, el pan, las latas de conserva (atún, caballa, maíz en
lata, verduras enlatadas…), las galletas, los alimentos precocinados etc… suelen
llevar ya sal, por tanto no es necesario utilizarla en demasía. Un exceso de sal, no
provoca un aumento de la grasa corporal, pero sí que puede aumentar la cantidad de
agua extracelular (retención de agua) y por lo tanto podemos pesar más en la
báscula. Ahora bien, los michelines están formados por grasa, no por agua. A no ser
que tengamos una enfermedad renal, el exceso de agua extracelular suele ser
mínimo en comparación con la acumulación de grasa (que es la que forma nuestros
michelines y cartucheras).
8) Para perder peso es necesario retirar los hidratos de carbono: FALSO
Es mucha la gente que cree que para perder grasa corporal es necesario eliminar el
arroz, las pasta, las patatas, las legumbres…, es decir, cualquier fuente importante de
hidratos de carbono. Sin embargo, un gramo de hidratos de carbono aporta
exactamente la misma cantidad de energía que un gramo de proteína ( 4
kilocalorías).
Es cierto que la transformación en grasa de la proteína cuesta más energía que la
transformación en grasa de los hidratos de carbono, pero en cualquier caso un
exceso de proteínas se acaba transformando en grasa corporal.
Además, una cantidad insuficiente de hidratos de carbono, acabará provocando la
pérdida de glucógeno muscular y hepático y su agua asociada (de ahí la gran
pérdida inicial de peso corporal con este tipo de dietas); y la utilización de proteína
muscular y visceral como fuente de energía y tendrá lugar una disminución del
metabolismo basal (el músculo es un tejido muy activo que “ quema” energía hasta
cuando estamos durmiendo), con lo que se dificultará seguir perdiendo peso y
posteriormente habrá efecto rebote y cada vez nos costará más perder grasa
corporal.
Además una dieta de este tipo provoca cansancio, mal humor, es deficitaria en fibra,
ciertas vitaminas y minerales y aumenta el riesgo de hipercolesterolemia, elevación
de los niveles de triglicéridos, ácido úrico, creatinina, urea e incluso aumentar el
riesgo de problemas hepáticos y algunos tipos de cáncer.
Se deben ingerir hidratos de carbono, que además de ayudar a saciarnos, nos ayudan
a evitar la pérdida de masa muscular y a sentirnos con energía.
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