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Los riesgos y consecuencias que entrañan estos sistemas de cultivos convencionales se traducen en:
- Contaminación con productos químicos, tanto los que se utilizan en los procesos de producción como son los pesticidas, herbicidas, hormonas, etc., así como los que se emplean en la fabricación y conservación de los alimentos, a los que se les incorporan cantidades de aditivos de síntesis.
- Pérdida de calidad nutricional de los alimentos producidos a base de fertilizantes químicos y otras sustancias de síntesis.
- Acumulación de ciertas sustancias muy tóxicas como los nitratos (principalmente en vegetales).
- Empleo de sustancias nutritivas de baja calidad y con efectos deletéreos para la salud como pueden ser las grasas hidrogenadas que se emplean en la fabricación de bollerías.
- Pérdida de calidad y sabor de los productos.
- Reducción del bienestar de los animales debido a que, en muchos de estos sistemas de producción, los animales permanecen confinados inadecuadamente, elevándose su estrés y reduciéndose su bienestar, por lo que puede disminuir la calidad de los alimentos que se obtienen de ellos; entre los principales efectos y riesgos.
A estos peligros que nos llegan de forma difusa diariamente, se suman los organismos genéticamente modificados (OGM), nuevos alimentos a los que se han incorporado genes de otras especies y que pueden producir sustancias que potencialmente pueden provocar diversos trastornos de salud. Actualmente hay muy pocas investigaciones publicadas sobre los efectos de los OGM sobre la salud de las personas. Sin embargo, algunos de estos estudios independientes (no patrocinados por las compañías vinculadas a estos productos) muestran ya efectos en el sistema digestivo (Pryme y Lembcke, 2003).
Desafortunadamente hoy en día se están empleando a nivel global unos 850 plaguicidas y en la Unión Europea sólo se analizan 160 (Olea y Fernández, 2001). En España se usan aproximadamente unas 526 sustancias de las denominadas como agrotóxicos e inclusive están establecidos niveles permitidos de estas sustancias en los alimentos, que supuestamente podemos tolerar en nuestra alimentación diaria.
Los seres vivos no podemos destruir o expulsar eficientemente estas sustancias tóxicas, que se acumulan en diferentes tejidos, produciéndose lo que se conoce como bioconcentración. La bioconcetración es un proceso que se amplifica a través de la cadena de alimentación (bioamplificación), o sea los organismos mayores que se encuentran en la parte superior de las cadenas tróficas registran altos niveles de concentración de sustancias químicas y también son las que manifiestan los mayores efectos.
En los mamíferos, estas sustancias llegan a los fetos vía irrigación sanguínea y procedente de la movilización de grasa que realizan las madres, principalmente en la última fase de la gestación y posteriormente a través de la leche.
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